A tantas y a locas: Por un año de cuidados

Comienza hoy un nuevo año y, con el transcurso de sus primeras horas, cristaliza así ese rito de paso que nos hace mirar hacia delante para esbozar uno de tantos futuros posibles. Tratando de hacer político el cuerpo, de desubjetivarlo, desatomizarlo y devolverlo a la masa social y actante de la que forma parte, nos surge ese clásico interrogante de año nuevo; matizado, eso sí, con el pretendido uso de un plural político: ¿Qué queremos querer, ya, como colectivo de activismo crítico y radical contra el psistema? ¿Qué queremos para este 2019, desde las entrañas sociopolíticas que nos atraviesan, nos conectan y nos (des)hacen (el) cuerpo?

Lo primero que encuentra una vía para pronunciarse es la rabia que supura con el ejercicio creativo del poder: la codificación de la estructura que “nos hace”, nos regula y nos distribuye, esa definición del “psistema” al que pertenecemos y que performamos -en analogía a las tecnologías políticas del sexo performativo de Judith Butler-, nos anima a afinar la vista en el objetivo y a apretar el gatillo. Nos hacen ser cuerdos o locas, profesionales o usuarias, emisoras o receptoras de mensajes y violencias. Y hacemos y sabemos cuestiones directa y recíprocamente relacionadas con lo que somos: razón o delirio, ciencia o experiencia, cargar la jeringuilla o poner el culo. Así, no es poca cosa haber sabido, en este año 2018, definir con claridad un cuerpo social y político para el colectivo y, aún más, haber nombrado el motor de esa regulación: el psistema que dicta quién es objeto y quién sujeto de la construcción, corrupción y violencia del cuerpo enfermo. Y no es cuestión vana porque, al bautizarlo, ese “mal sin nombre” -fruto de violencias físicas, sanitarias, estatales y burocrácticas, epistémicas, económicas, etc.- encuentra un carril por el que circular para transformar el ceño, pasar de la nada a la rabia y construir una motivación antipsistema diligentemente enfocada y afilada.

Cuando sabemos de ese psistema (que no es, como siempre decimos, otro tentáculo más del sistema) y de los agentes que activamente lo preservan, nuestras acciones en/para este activismo loco vienen a limitarse a sus márgenes (nuestros centros). En este 2018 que queda atrás, nos hemos encontrado y compartido en espacios autogestionados y okupados, nos hemos enfrentado a la fagocitación del Estado y sus leyes, del mercado y sus mercenarios. Hemos dimitido lxs que allí trabajábamos; nos hemos desmedicalizado lxs que para ellos consumíamos; hemos boicoteado sus actos, convivido en Garaldea, levantado un GAM en Albacete y desarrollado varias actividades centradas en la creación y la destrucción como forma de re-edificación* de nuestras vidas -nuevos planos, nuevos mapas-. Bien. Sabemos ya lo que huele a “farmafia” y a mercado, a leyes que preservan estructuras criminales, a egos inflamados y a lógicas de poder (de rédito, de representación, de colonización) dentro del propio movimiento. Y, lo más importante, nos hemos definido en contra de todo ello, en negativo; nos hemos descubierto, desnudas, y nos hemos abrazado -grandes y pequeñísimas- bajo el aguacero.

En 2018, nos hemos compartido y construido en espacios autogestionados y okupados; nos hemos definido en negativo, en contra del psistema y en sus márgenes, centrando nuestras energías en destruir como forma de re-edificar* nuestras vidas.

Pero nuestras energías no pueden quedar varadas en esa playa de amparo y autorreferencia si queremos un año propositivo, cargado de ilusión movilizadora, de alegría libertaria y de creación colectiva. No hablamos de crear o editar materiales, de correr, producir y sudar el invierno. No, yendo más allá, de tomar el poder, sino de serle impermeables. Tampoco de tomar el espacio público, sino resignificar y reedificar lo privado. Hacer el hogar, el cuerpo, el tiempo. De seguir esa -tan nuestra- línea del apoyo mutuo y la reciprocidad. De encontrarnos de nuevo –de nuevo hasta que deje de serlo.

A n/vosotras, las personas que hacemos y sufrimos este mapa, a tantas y a locas: por un año 2019 de autocuidados y de cuidados colectivos. Porque no hay nada más político y más violento que no hacer su nada en concreto; que acompañarnos, detenernos, dejarnos ser.

* [Sonando y, como siempre, inspirando otra forma de estar en el mundo: Juan Dahmen – Destroying as a way of Rebuilding ]

 

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